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lunes, 5 de mayo de 2014


Capítulo 9

 

Barrok estaba parado sobre un sinfín de cadáveres, podía sentir el calor del fuego golpeándole la cara al igual que el hedor de la muerte. Miró hacia abajo pudo ver mujeres y niños en igual cantidad que hombres. Respiraba entrecortadamente. aún su mente no lograba hacerle entender lo que había sucedido. Volvió a observar el suelo, creyó ver un movimiento, y luego otra vez. Una mujer se movía, estaba viva. Se agachó para ayudarla, la tomó por la nuca y levantó levemente su cabeza, la mujer abrió los ojos y lo miró fijó.

-¡Asesino! –exclamó. Barrok intentó soltarla para algo se lo impedía -¡Asesino! –repitió la mujer y su rostro se volvió el del demonio más horribles de todos y lo devoró.

El general despertó sobresaltado, estaba bañado en un sudor frio igual que tantas otras veces. Se encontraba en un lugar oscuro y húmedo. Su mente tardó unos pocos segundos en recordarle lo sucesos pasados, era prisionero de Monded. Sus manos estaban encadenadas por encima de su cabeza y tenía el torso al descubierto.

Pudo ver entre las sombras una silueta delgada que cualquiera hubiera confundido con el de una mujer, pero Barrok bien sabía a quien pertenecía.

-Hola Barrok –saludó Ilei y le pasó un dedo por el pecho -¿Estas cómodo? –el prisionero no respondió -.Es una pena que todo termine de esta forma. Hubieras sido un poderoso aliado, lástima que no supimos entendernos.

-Que no supiste controlarme querrás decir.

-Puedes verlo de esa forma. Si hubieras sido más sumiso habrías formado parte de una nueva era.

-Prefiero pudrirme en el inframundo.

-¡Ho! lo harás, lo harás, quédate tranquilo.

-Soy un guerrero ¿crees que le tengo miedo a la muerte?

-No, imagino que no. Por ello antes de morir sufrirás un terrible dolor, que servirá para amedrantar a otros. Pero yo puedo detener todo eso. Solo le debes jurar lealtad a Monded.

-¿A él o a ti?

-Es igual.

-¿Crees de verdad que pueden vencer al reino de Anaviv?

-Tenemos muchos soldados.

-Los aplastaran antes de que saquen sus espadas.

-Nos subestimas, Barrok.

-Estas demente.

-Ja, he oído eso muchas veces. Lo que no entiendes es que sin importar cuál sea el resultado dela guerra yo siempre saldré bien parado.

-¿De qué hablas?

-Si ganamos la guerra seré soberano de un nuevo reino, si fracasamos será Monded y sus soldados los castigados. Yo por mi lado encontraré como acomodarme con un nuevo monarca.

-No lo dudo. Siempre lo has hecho.

-No, no siempre. Durante mucho tiempo sufrí de las peores vejaciones y humillaciones, más de lo que cualquiera hubiera resistido. No sabes lo que he tenido que sufrir.

-Si intentas que sienta pena por ti, pierdes el tiempo.

-No lo pretendo. Afortunadamente todo aquello quedó en el pasado.

-Lo lograste por medio de la magia ¿verdad?

Ilei sonrió.

-Eres más inteligente de lo que creí. Hoy la magia es una gran herramienta.

-¿Quién te dio ese poder?

-Lo lamento, no puedo decirlo. Pero no nos desviemos del tema principal. Aún puedes ser salvado. Sé que muy en el fondo me deseas –volvió a acariciarle el torso.

-La verdad… es que si hay algo que deseo hacer desde que te conocí.

-Adelante, hazlo.

Barrok escupió el rostro del eunuco.

-Gracias por permitírmelo –sonrió -.No puedes controlar mi alma porque hace mucho tiempo la perdí.

-Ya veo –respondió molesto y limpiándose la cara -.Sera como desees. Veremos si mañana eres tan valiente cuando te enteres de todo lo que tengo pensado para ti –sonrió con cinismo y se marchó dejando solo al general.

Barrok sabía que moriría en pocas horas, pero eso no lo aterraba, ni siquiera sabiendo que su destino era caer en el séptimo infierno, el peor de todos. Pensó en el mago que había decido capturar ¿le importaba dejar esa tarea inconclusa? No realmente. Pensó en sus compañeros ¿habrían escapado? Lo pensó con detenimiento, ¿realmente le importaba que hayan escapado? No estaba seguro de que fuera así. Hacía muchos años que había perdido su alma. Años que lo había vuelto incapaz de sentir pena por otros o incluso por sí mismo. Quizás la muerte fuera a ser una liberación, pero tampoco estaba seguro de ello. De lo único que tenía seguridad es que era incapaz de tener algún sentimiento, le era imposible.   

 

*  *  *

 

El calor en la celda era terrible, sentía los brazos entumecidas y la garganta seca, creyó que moriría antes de la ejecución planeada, estaba dispuesto a entregarse a Haljalen, el dios de la muerte. Sin embargo un ruido cercano lo hizo volver a la realidad. Pudo distinguir unos raros movimientos entre la oscuridad de la mazmorra, al principio creyó que el eunuco había regresado sin embargo luego se dio cuenta de que se trataban de varias sombras, tres para ser exactos.

-¿Qué hacen aquí? Les dije que debían marcharse –exclamó al ver a Tainina acercarse.

-Sí, y Nomed te lo prometió pero yo no. Así que no te quejes –respondió mientras con una espada le liberaba las manos.

-Tainina me convenció que no era lo correcto abandonarte y para serte sincero no necesitó mucho para hacerlo –con una sonrisa el joven de cabeza rapada le devolvió al general su arma.

-Gracias –tomó la espada -.Es mejor salir de aquí rápido -intentó disimular cualquier tipo de sentimiento.

Los cuatro compañeros emprendieron la retirada de la cárcel. Al pasar por la puerta Barrok pudo ver a los guardias en el suelo inconsciente y se figuró que de esa manera habían ingresado sus amigos. Subieron unas escaleras y al llegar a un pasillo se encontraron con un grupo de soldados que los aguardaban con sus espadas desenfundadas.

-¿Lo ve, mi señor? –preguntó Ilei al Monded –.Todos son traidores, los mejor es eliminarlos ahora mismo.

-¡¡¡Maldita rata!!! –gritó Tainina -¿Qué no se dan cuenta de que los esta manejando? 

-¡Silencio, mujer! –exigió el monarca -.Les abrí las puertas de mi castillo y así me lo agradecen. No tendré piedad, ¡mátenlos!

Sin dudarlo los soldados se arrojaron sobre sus rivales que no tuvieron otra opción que defenderse. Barrok se deshizo con facilidad de dos guardias que lo atacaron, un tercero le arrojó un espadazo que pudo detener y luego lo obligó a retroceder asestándole una patada en los riñones, el centinela no tuvo tiempo para recuperarse ya que la hoja del general lo ajustició de inmediato.

-¡Tenemos que llegar hasta Ilei! –gritó Nomed mientras se deshacía de su contrincante.

-¡Es imposible! –gruño Barrok mirando la muralla de soldados que lo separaban de su objetivo -.Hay que abrir el camino.

Aún los guerreros estaban pensando en cómo lograr su cometido cuando vieron a Celden correr contra la muralla humana con gran furia. El enorme hombretón derribó a unos cuantos al tiempo que se trenzaba en lucha contra otros. Al ver esto Ilei y Monded comenzaron a retroceder.

-¡¡¡Barrok no pierdas la oportunidad, ve con Tainina y acaba con el eunuco, nosotros nos encargaremos de los soldados!!! –gritó Nomed.

El general no lo pensó dos veces, tomó a la joven de la mano y juntos atravesaron el muro de soldados y fueron a la captura del eunuco que ya corría con desesperación. Lo vieron ingresar en uno de los cuartos y hasta allí arribaron. De una sola patada el general derribó la puerta, ajustició a un guardia que se le interpuso en el camino y luego depositó toda su atención en el eunuco. Monded se le arrojó pero Barrok lo dejó inconsciente de un solo golpe y casi sin moverse de su lugar. Fue en ese momento que Tiberius apareció por detrás de Ilei.

-Tú acaba con el eunuco, yo me encargó de este estúpido –dijo Barrok a su compañera.

-Sera un placer.

  Los eternos rivales cruzaron sus espadas por segunda vez. Tiberius trazó un arco con la hoja de su arma pero cuando iba a llegar destino Barrok rodó hacia un costado. Se puso de pie y de un golpe con el hombro lo desestabilizó y aprovechando eso le asestó un fuerte puñetazo en la cara. Con su rival en el suelo el general levantó su espada para ajusticiarlo, sin embargo se contuvo y decidió golpearlo en la nuca para dejarlo fuera de combate.

Mientras esto sucedía Tainina se enfrentaba a Ilei. El eunuco había sacado una navaja y con ella se defendía como podía de las continuas embestidas de su rival. Tainina fingió una finta hacia la derecha y a último momento arrojó un sablazo que marcó con profundidad la cara de su enemigo.

-Vaya, ya no vas a ser tan hermoso –se burló la joven.

-¡¡¡Perra, desgraciada!!! –gritó con lágrimas en los ojos y tomándose la herida que no paraba de sangrar.

-Igual no te preocupes, no te queda mucho tiempo de vida.

El eunuco desesperado se arrojó sobre Tainina, ésta paró la embestida con su espada, y con ella misma primero le apuntó la mano y por último le cercenó la cabeza que cayó pesadamente al piso junto al cuerpo.

-Te lo dije –exclamó Tainina viendo el cadáver.

 

*  *  *

 

Transcurrió un día desde el duro enfrentamiento, tal como lo habían imaginado con la muerte de Ilei la magia que controlaba a todos en el castillo desapareció. Poco a poco todos fueron reaccionando, incluso Monded. Éste se excusó con todos sus soldados y la servidumbre por su actitud y desde luego también desapareció la idea de declararse un reino independiente.

-Reconozco el servicio que prestaron en mi castillo –exclamó el hombre a los cinco compañeros -.Pero también mataron a muchos de mis hombres. Los dejaré ir, pero si regresan haré que los arresten.

-No se preocupe ni locos regresaremos aquí. Usted preocupes de intentar cerrar las heridas de las pobres personas que fueron obligadas a hacer cosas horribles en las orgias que organizaban –Tainina escupió todo su sentir.

Monded se puso rojo de la furia,  sin embargo no dijo nada ya que sabía que era todo verdad.

Los cinco ex presidarios se marcharon del castillo ese mismo día. Tiberius los acompañaba ya que les había dicho que estaba bajo control de Ilei. Si bien era cierto nadie creía en su buena voluntad, aún así le permitieron que los acompañara.

En el camino se acercó a Barrok y le dijo en voz baja para que solo él escuchara.

-Ese desgraciado me controló, pero mi deseo de matarte era genuino, y ya me cobraré todos los golpes que me diste.

-Cuando quieras, imbécil –respondió el general sin quitar la mirada de la carretera.

Los cinco continuaron adelante sabiendo que estaban en el camino correcto en la búsqueda del mago.

 

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